Hidroeléctrica
Ciclo Combinado
Célula
Módulo
Panel
Serie
Campo
Inversor
Eólica
Geotérmica
Carbón
La electricidad que generan los paneles fotovoltaicos es de tipo continua. Como el sistema de distribución nacional se basa en corriente alterna un dispositivo electrónico, el inversor, es el que se encarga de transformar la electricidad continua en alterna. La energía se transfiere a los usuarios desde una central fotovoltaica por medio de unos dispositivos específicos, necesarios para transformar la corriente producida por los módulos y de adaptarla a las necesidades de los usuarios finales. Todos estos dispositivos se denominan BOS (Balance of System o equilibrio del sistema) e incluyen, además del inversor, el transformador, los cuadros de conmutación y los sistemas auxiliares de la planta.
La conversión fotovoltaica, que se desarrolló a finales de los cincuenta en el contexto de programas espaciales, se considera una tecnología que puede ayudar en gran medida a satisfacer las crecientes necesidades energéticas sin emisiones de gases con efecto invernadero.
Este es el motivo por el que atrae grandes inversiones tanto para construir sistemas como para llevar a cabo proyectos de I+D de nuevos materiales y tecnologías con las que reducir los costes que supone generar cada kWh producido.
Concretamente, en los últimos años está creciendo a un ritmo sumamente rápido la capacidad instalada en todo el mundo, que en el año 2000 no era más que de 1.000 MW. Las principales agencias internacionales de energía calculan que en 2020 la capacidad instalada de sistemas fotovoltaicos en todo el mundo será del orden de 56.000 MW, con una producción de electricidad capaz de satisfacer casi el 2% de la demanda mundial.
Italia no se queda fuera de este desarrollo si tenemos en cuenta que en este país la generación distribuida está creciendo a un paso que se escapaba de toda predicción hace tan solo unos pocos años. Por ejemplo, en 2008 y 2009, se instalaron en Italia unos 70.000 sistemas fotovoltaicos.
Estas centrales tienen una capacidad limitada (de hasta 20 kW), lo que permite que cada hogar se convierta en una pequeña central energética capaz de satisfacer las necesidades de la familia y, al mismo tiempo, inyectar energía en la red pública.