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El funcionamiento se basa en el principio de atracción entre cuerpos con carga eléctrica de signo opuesto. Los precipitadores son una serie de elementos filiformes y chapas dispuestas verticalmente en el conducto de humos y mantenidas en tensión por un sistema de corriente continua, con el fin de crear un campo eléctrico ionizado dentro del conducto. Los electrodos filiformes cargan negativamente las partículas sólidas de los humos, que son atraídas entonces por las chapas con carga positiva. Los sistemas de vibradores y sacudidores de las chapas provocan el que a intervalos regulares caiga hollín en las tolvas colocadas debajo.
El 39% de la energía que se produce en el mundo procede del carbón: el 33% dentro de la Unión Europea.
En el futuro, se espera un aumento considerable de la electricidad producida a partir de carbón, especialmente en China e India, dos de los pises más densamente poblados (en los dos países juntos viven casi 2.500 millones de personas), cuyo desarrollo es acelerado y cuya demanda de energía crece a tasas extremadamente elevadas.
Sea como fuere, las plantas han avanzado notablemente gracias a la innovación tecnológica, lo que nos permite conseguir un nivel de eficacia energética al menos diez puntos por encima de la alcanzada hace pocos años, con emisiones muy bajas.
Concretamente, gracias a las inversiones hechas en Italia en tecnología limpia del carbón, Enel puede proponer plantas de avanzada generación con estándares de excelencia medioambiental cuyo nivel es máximo en términos absolutos.
Por ejemplo, la central de 1.980 MW de Torrevaldaliga Nord, inaugurada en julio de 2008 cerca de Civitavecchia, es una de las más punteras del mundo: sus sistemas para transportar y manipular carbón están completamente sellados (el combustible nunca entra en contacto con el aire) y se han reducido las emisiones en un 88% en comparación con la planta a la que ha sustituido y que se alimentaba de petróleo.